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Archive for the ‘Artículos’ Category

Me despido…

Me despido…

 

Nacho Martínez

Han transcurrido ya cuatro largos años desde que comencé a publicar este blog, que lleva por nombre “EL ÁGUILA DIGITAL”. En él ha cobrado realidad la ilusionante idea de dar nueva vida a  los números del viejo periódico aguilarense, “EL ÁGUILA”, que dormían silenciosos entre los legajos de un archivo. La antigüedad de este periódico local se remonta, en su primera etapa, al año 1899, concluyendo con su tercera y última edición en 1915. De modo que bien se merecía el viejo periódico este renacimiento.

He pretendido con esta nueva publicación difundir -a través de las redes- la altruista obra periodística llevada a cabo, entre finales del siglo XIX y principios del XX, por un grupo de entusiastas antepasados nuestros, bajo la dirección de mi abuelo paterno Asperino Martínez y Rodríguez. Legado cultural que generosamente nos dejaron a las generaciones futuras de nuestra amada villa, Aguilar de Campoo, dando, asimismo, testimonio escrito de su elevada cultura y gran amor a nuestra tierra.

Esta nueva publicación –en formato blog– , espero, nos haya permitido zambullirnos en los escritos de las páginas sepia del viejo decenario para contrastar las inquietudes y saberes de entonces con nuestras opiniones y conocimientos  actuales. De este modo, el vino añejo (artículos, relatos, poemas, crónicas, etc.) de ayer, se ha ido entremezclando con algunas pinceladas del vino joven (artículos, poemas, relatos, crónicas, ilustraciones, etc.) de hoy, logrando un agradable y armonioso aroma intergeneracional.

Con la próxima publicación en este blog de las despedidas – no exentas de cierta melancolía-  que en su número extraordinario, fechado el 10 de abril de 1915, realizaron tanto el director como los principales colaboradores de “EL ÁGUILA”, doy por concluida mi empresa, no sin antes mostrar mi agradecimiento a todos los que, de un modo u otro, han colaborado en su realización y difusión, así como a sus fieles lectores.

No obstante, dado el extraordinario interés que ha despertado este blog (con más de 111.000 visitas a fecha de hoy), tanto en España como en otros muchos países -especialmente los de habla española-, permanecerá accesible durante algún tiempo. Después… ya se verá.

Un fuerte abrazo a todos.

27 de marzo de 2017.

Luis Ignacio Martínez Franco

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Una ligera brisa de silencio

Nacho Martínez

En el pórtico de S. Miguel

Una ligera brisa de silencio

 

Aristóteles decía que “el hombre es, por naturaleza, un animal social”. Y no le faltaba razón al filósofo griego: El hombre no ha sido creado para estar solo; necesita de la compañía de otros seres, vivir en sociedad. El cristianismo dio un paso más en este sentido insistiendo en la necesidad de la vida en comunidad, fraternalmente compartida, dando igual valor al próximo (prójimo) que a uno mismo. Pero el yo egoísta que habita en nosotros, al que Freud denominó superego, nos limita poderosamente.

Fotografía de Esther Fuente Ruiz

Fotografía de Esther Fuente Ruiz

Las personas necesitamos relacionarnos, comunicarnos con otras personas. Pero el encuentro con uno mismo, en el silencio, es también necesario. Así lo cantó Fray Luis de León en su “Oda a la Vida Retirada” con estos preciosos versos:  ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!

Los economistas nos hablan, por otro lado, de «bienes escasos», pero no lo hacen de «valores escasos»; no se ocupan del alma, no es su tema. El silencio es uno de esos valores escasos, que no cotiza en bolsa ni se adquiere en el supermercado ni se anuncia en TV. Pero es una necesidad del alma que sólo podemos encontrar por la “escondida senda” huyendo del “mundanal ruido”.

Vivimos en una sociedad ruidosa. Los ruidos nos invaden por doquier. La paz y el silencio hogareños de antaño son ya añoranza. Han sido sepultados por un aluvión de ensordecedores ruidos, desordenadamente entremezclados: ruidos televisivos, telefónicos, electrónicos, del ascensor, del telefonillo, del tráfico, del camión de la basura, de los vecinos de al lado… Ruidos, en fin, que nos aturden.

Fotografía de Esther Fuente Ruiz

Fotografía de Esther Fuente Ruiz

Ayer estuve en la iglesia. Una iglesia de fieles ruidosos. El ruido ha penetrado también en los templos. Lugares sagrados, lugares de silencio, lugares de oración, lugares para el encuentro con Dios, que, como el profeta Elías experimentó, “no está en el huracán, ni en el temblor de tierra, ni en el fuego, sino en el susurro de una ligera brisa”. Y “Dios nos habla desde esa brisa suave”.

Hoy me he levantado cuando la ciudad aún descansa de su habitual bullicio. El sol aún no se ha asomado por la loma del este. Es un momento delicioso en el que la luz se abre paso entre la oscuridad para alumbrar un nuevo día. Me incita a escribir; con palabras que manan de “la soledad sonora”, sin que “nada me turbe”. Pero no han tardado en aparecer los pájaros urbanitas, madrugadores, cantando al nuevo día. Tal vez este nuevo amanecer nos traiga un poco de silencio en una brisa ligera.

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Autor: Nacho Martínez

En las Pelambres

 

Aguilar de Campóo.

Defensa romántica de una tilde

                                    

                           

¿De dónde eres? De Aguilar de Campóo. ¿De Aguilar del Campo? No, de Aguilar de Campóo. ¡Ah, de El Castillo bajo las nubes..Aguilar de Campos! Le ruego no insista en su pretensión de adscribirme a población distinta de la que soy oriundo, porque soy de Aguilar de Campóo y de ningún otro lugar. Aguilar de Campóo, con acento y tilde en la primera “ó”. El pueblo de las galletas; al norte de la provincia de Palencia, lindando al norte con Cantabria, al este con la provincia de Burgos, etc. ¡Ah, sí, sí… ahora caigo… Aguilar de Campóo!… ¡Claro, perdone la confusión!

Los aguilarenses (aguilareños, según reza el sancta sanctórum de la lengua española, la Real Academia de la misma; sin embargo, siendo aguilareños preferimos un día llamarnos aguilarenses)… Los aguilarenses –decía–, desde que aprendimos a hablar, estamos acostumbrados a vernos  enzarzados en esta especie de diálogo de besugos geográfico que nos obliga con frecuencia a tener que aclarar nuestra procedencia. (más…)

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