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Archive for 27/03/15

La Piedad

Por Nacho Martínez

La Pietà

 

La Piedad de Miguel ÁngelQué decir de La Piedad después de Miguel Ángel. Quien haya tenido la inmensa fortuna de visitar la Basílica de San Pedro, habrá podido contemplar con admiración la magistral escultura del genial artista del Renacimiento italiano: La Pietà. El refinado grupo escultórico está conformado por las figuras de la Virgen y el Hijo muerto.

En La Pietà, el genio de Miguel Ángel se manifiesta en toda su grandeza al idealizar la belleza de María, a la que da un aspecto lozano, virginal, sobrenatural. En la figura del Hijo, el escultor expresa con gran naturalismo no una imagen divina de Jesús, sino el cuerpo sin vida del Hombre fenecido en el crepúsculo.

Contemplar La Piedad es entrar en un mundo de espiritualidad que sobrecoge. Impresiona la serenidad de la Virgen, mirando con infinita ternura al Hijo, exánime. Su rostro en calma transluce una apacible resignación cristiana. Sólo ella ha comprendido en aquel doloroso momento el sufrimiento y la muerte de su Hijo. ¡Nos amó hasta el fin! María lo sabe y lo sufre. Con majestuosa serenidad,  expresa su inmenso dolor. Un dolor del que brota, desbordante, el amor. Amor sin medida del que nos hace partícipes al mostrarnos a su Hijo, ya descendido de la cruz.

La magistral escultura inspira devoción, amor filial. Uno desearía permanecer allí, delante, durante horas. En silencio. Contemplando el rostro resignado de María ante el dolor. Meditando sobre el significado profundo de la muerte de Jesús. Orando. Pero tras la muerte, viene su resurrección y comienza la sinfonía de un mundo nuevo, de una nueva aurora. Una aurora de esperanza se abre de par en par ante nuestra mirada.

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Los padres

EL ECO DE BARRUELO  

Periódico Defensor de los intereses del Valle de Santullán.

Año I –Núm. 22, martes 20 de agosto de 1912

Autor: Severiano Aleza

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LOS  PADRES

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Para mi querido tío Manuel Blasco

Padre e hijoDesde nuestra más tierna edad, los que nos engendraron nos inculcan a amar, a tener deseos de querer a cuantos por derecho o deferencia nos pertenece apreciar y tener en estima y consideración.

        Ellos nos enseñan nuestro deber, procurando que se arraigue el amor en nuestro joven corazón hacia el Ser Supremo, a la vez que nos inician con ello el respeto y la subordinación y cariño hacia nuestros semejantes. (más…)

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